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Fumar y la EPOC


Transcripción

Fumar daña dos de las partes principales de los pulmones:

las vías respiratorias, también llamadas tubos bronquiales y los pequeños sacos de aire llamados alvéolos.

Con cada respiración, el aire viaja por el conducto respiratorio llamado tráquea y entra en los pulmones a través de los tubos bronquiales.

Entonces el aire se dirige a miles de pequeños alvéolos, donde el oxígeno del aire se mueve hacia el torrente sanguíneo

el dióxido de carbono de desecho sale del torrente sanguíneo.

Minúsculas proyecciones similares al cabello, llamadas cilios, revisten los tubos bronquiales y barren las sustancias nocivas fuera de los pulmones.

El humo del cigarrillo irrita el revestimiento de los tubos bronquiales, haciendo que se hinchen y produzcan mucosidad.

El humo del cigarrillo también hace más lento el movimiento de su cilios, provocando que un poco de humo y la mucosidad permanezcan en los pulmones.

Mientras usted duerme, algunos de los cilios se logran recuperar y empiezan a empujar a los contaminantes y el moco fuera de los pulmones.

Cuando usted se despierta, su cuerpo trata de expulsar este material tosiendo repetidamente, una condición conocida como tos de fumador.

Con el tiempo, se desarrolla la bronquitis crónica debido a que sus cilios dejan de trabajar, sus vías respiratorias se obstruyen con cicatrices y moco,

y la respiración se vuelve difícil. Sus pulmones son ahora más vulnerables a otras enfermedades.

El humo del cigarrillo también daña los alvéolos, haciendo más difícil el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono hacia y desde la sangre.

Con el tiempo, muy poco oxígeno puede llegar a la sangre, por lo que usted puede desarrollar enfisema,

afección en la que se respira con dificultad y se debe usar un tubo de oxígeno en la nariz para poder respirar.

La bronquitis crónica y el enfisema son conocidos de manera colectiva como enfermedades pulmonares obstructivas crónicas o EPOC.

La EPOC es una pérdida gradual de la capacidad respiratoria que no tiene cura.