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Artroscopia de rodilla: menisectomía artroscópica


Transcripción

La artroscopia de rodilla se utiliza para el diagnóstico y tratamiento de diferentes trastornos y lesiones de la rodilla.

Entre los más comunes está el tratamiento del desgarro de meniscos.

En condiciones normales, los meniscos (trozos de cartílago en forma de “letra C” que se encuentran entre el fémur y la tibia) proporcionan amortiguación y estabilidad a la articulación de la rodilla.

Las lesiones o la artritis pueden desgarrar los meniscos, lo cual causa dolor en la rodilla, inflamación y disminución del rango de movimiento.

La artroscopia de rodilla a menudo se realiza para extirpar la parte dañada del menisco.

Al llegar al hospital para someterse al procedimiento, se le colocará una vía endovenosa,

y es posible que se le administre algún sedante para ayudarle a relajarse.

El procedimiento se puede realizar con anestesia raquídea,

que lo mantendrá adormecido de la cintura para abajo,

anestesia local, que mantendrá adormecida el área de la rodilla,

o, con menor frecuencia, anestesia general, que lo mantendrá inconsciente durante todo el tiempo que dure el procedimiento.

Una menisectomía artroscópica por lo general lleva entre 45 y 90 minutos.

El cirujano accederá a la articulación de la rodilla utilizando instrumentos cortantes denominados trócares, con los que realizará dos o tres orificios pequeños o "puertos".

El cirujano inyectará una solución estéril en la articulación para separar las superficies y permitir una mejor visualización de las estructuras internas de la articulación.

A continuación, el cirujano insertará el artroscopio y otros instrumentos a través de los diferentes puertos.

Las imágenes de la cámara del artroscopio se aumentan y se proyectan en un monitor.

El cirujano examinará detenidamente el interior de la articulación de la rodilla, localizará el daño, extirpará cualquier parte suelta o gravemente lesionada,

y utilizará un rasurador para alisar cualquier reborde mellado.

Si bien es posible reparar los meniscos con pequeñas suturas, en la mayoría de los casos se debe extirpar la parte dañada.

Al finalizar el procedimiento,

el cirujano examinará nuevamente toda la zona de la rodilla a fin de detectar áreas que presenten hemorragias u otros daños,

retirará el artroscopio y el resto de los instrumentos y cerrará cada una de las incisiones en forma de “ojo de cerradura” con unas pocas suturas.

Después de la cirugía, se lo trasladará al área de recuperación para monitorearlo y, de ser necesario, se le administrarán calmantes para el dolor.

La mayoría de los pacientes son dados de alta de la unidad de cirugía ambulatoria a las pocas horas del procedimiento.